El Estado podría ahorrar $22 mil millones anuales recurriendo a dicha alternativa, de acuerdo con estimación. Especialistas y autoridades coinciden en fortalecer la certificación y la confianza en dichos medicamentos.
Desde que Alexander Fleming descubrió la penicilina, en 1928, los tratamientos médicos han avanzado en gran medida, acompañados de nuevas tecnologías y métodos. Un ejemplo son las bioterapias, drogas que utilizan componentes biológicos contra enfermedades.
Aquí se insertan los biosimilares, fármacos muy parecidos a una bioterapia de referencia que ya ha sido aprobada y cuya patente expiró.
Su objetivo es alcanzar calidad, seguridad y eficacia comparables al tratamiento original (Ver Dato Clave).
Los biosimilares se han vuelto una alternativa para reducir gastos en salud, en especial de medicamentos de alto costo, ya que tienen precios más accesibles que sus pares originales. En Chile, por ejemplo, si se consideran solo algunas drogas, el Estado podría ahorrar más de $22 mil millones anuales, como plantea un estudio de la asociación gremial Pro Salud Chile.






